Después de los 17 años comprobé que "para lo que hay que ver con un ojo basta", pues producto de un accidente tuve desprendimiento de retina que fue atendido a tiempo y salvé el ojo izquierdo y el movimiento del derecho. Andrés Rincón no tuvo ni atención ni preocupación por su desprendimiento de retina y quedó en tinieblas, con imágenes sonoras en blanco y negro: blanco, muy blanco que es lo que ve por un ojo y negro, todo negro que le permite el otro. Y es un hombre común, heredero de una gran pobreza, pero con ganas de vivir la vida, soñando un mejor presente y sentenciando que para lo que hay que ver con un radio de pilas basta. La vida es a todo color, la de Andrés en blanco y negro.
Andrés Rincón Becerra
